Por: Ángel Torija [@brokesus]
05 de enero 2026
A 32 años del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional [EZLN], el neozapatismo vuelve a interpelar al mundo no desde las armas, sino desde la palabra, la reflexión colectiva y la imaginación política. En un contexto global marcado por guerras, crisis climática, colapso institucional y una profundización de las desigualdades, los espacios de reflexión convocados por el SCI Moisés y la comisión 6ª zapatista -como el más reciente semillero <de pirámides, de historias, de amores y claro, desamores>-, funcionan como un diagnóstico crítico del presente y, al mismo tiempo, como una invitación a pensar otras formas de vida posibles, desde las colectividades y el común.
Desde hace ya unos cuantos comunicados, surgieron algunos textos neozapatistas escritos por el Capitán Marcos, sobre: <La Tormenta y El Día Después. La metáfora de <la tormenta no apela a un desastre futuro previsible, sino a una condición próxima -y no próxima, es decir, que para algunoas ya está instalada- inevitable. Para los neozapatistas, la tormenta es el capitalismo tardío en su fase más agresiva: un modelo del mundo que mercantiliza todo -la tierra, el agua, el trabajo, el conocimiento y la vida misma- y que, en el proceso, trae despojo, violencias y descomposición social. No se trata de una anomalía pasajera, sino de la crisis de un modelo civilizatorio que ha agotado su promesa de progreso.
No obstante, el centro de la reflexión neozapatista no está únicamente en su diagnóstico, sino en lo que le sigue: ¿qué hay después de la tormenta? ¿Cómo se reconstruye la vida cuando las estructuras e instituciones que la sostenían se han mostrado inviables, obsoletas y hasta destructivas?
El día después no es la restauración
A diferencia de otros discursos -un poco nostálgicos, si me lo preguntan- que, ante la crisis, proponen <restaurar> el orden existente, el neozapatismo plantea una ruptura más profunda. El <día después> no puede ser una reconstrucción de los mismos modelos que nos llevaron a la tormenta. Volver a lo de antes implicaría -aunque sea con las mejores intenciones- repetir las condiciones que trajeron el colapso.
El día después aparece como un ejercicio colectivo de imaginación política: comunidades que producen lo necesario, saberes compartidos que no se privatizan, ciencia al servicio de la vida cotidiana, arte y creación desvinculados de la lógica del capital. No se trata de una utopía abstracta, sino de preguntas concretas sobre cómo organizar la vida ante la hidra capitalista.
El común como forma de vida
Para el neozapatismo, <el común> no es solo un conjunto de bienes compartidos o una categoría jurídica. El común es, ante todo, una forma de relacionarse con el mundo. La tierra, el trabajo, el conocimiento y las decisiones no le pertenecen a individuos aislados ni a una autoridad central, sino a la comunidad que les cuida y les reproduce en colectivo.
En este sentido, las comunidades zapatistas han construido, desde hace varias décadas, sistemas autónomos de gobierno, salud, educación y justicia, donde las decisiones se toman colectivamente, y bajo el principio del <mandar obedeciendo que sustituye a la lógica del poder burocrático jerárquico.
En un México atravesado por las violencias, la militarización -y paramilitarización-, así como la precarización de la vida, la resistencia zapatista sigue siendo una referencia incómoda. No ofrece soluciones rápidas ni promesas de poder, empero sí una crítica práctica radical al modelo dominante, llena de esperanza y autonomía.
A 32 años del levantamiento armado, <La Tormenta y el Día Después> no es una reflexión nostálgica, sino una incisión política en el presente -con la mirada puesta sobre los futuros calendarios y geografias-. Frente al colapso, el EZLN no propone esperar la salvación, sino imaginarla. Frente a la tormenta, no promete refugio, sino responsabilidad colectiva. Y frente al futuro, insiste en una idea que ha sostenido desde 1994: la vida solo es posible en común.
¡Hasta aquí mi palabra, camaradas!
Un rebelde y fraternal abrazo desde el sureste mexicano. Salud y saludos.
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